Una de las estrategias comerciales de la industria cinematográfica ha sido inspirarse en la literatura de prestigio para intentar garantizar el éxito comercial de sus películas. La adaptación cinematográfica de obras literarias siempre ha despertado polémica, en buena medida por el prejuicio que implica usar el criterio de fidelidad para emitir un juicio de valor sobre una película que adapta o se inspira en una obra literaria previa. El Cine es una disciplina creativa con entidad propia, y cuando se traduce audiovisualmente un texto literario se olvida con frecuencia que entre ambos media otro texto escrito: el guion cinematográfico. Traducir, adaptar o inspirarse en relatos de Poe ha generado con frecuencia el empleo de este escritor y de su universo como mera excusa para vender películas de terror. Su obra ha constituido una de las principales fuentes de inspiración y referencia para cineastas y realizadores de televisión de todo el mundo. Del nutrido corpus de adaptaciones, destacan películas vanguardistas como La chute de la maison Usher (Jean Epstein, 1928) y The Fall of the House of Usher (Melville Webber, James Sibley Watson, Jr., 1928); cine clásico estadounidense como Satanás (The Black Cat, Edgar G. Ulmer, 1934) y El cuervo (The Raven, Louis Friedlander, 1935) con Boris Karloff y Bela Lugosi como protagonistas; Obras maestras del terror (Enrique Carreras, 1960), que sirvió de campo de pruebas para los episodios de la serie televisiva escrita y dirigida por Narciso Ibáñez Serrador Historias para no dormir; el ciclo producido y dirigido por Roger Corman, con Vincent Price como protagonista de House of Usher (1960), Tales of Terror (1962) y Masque of the Red Death (1964) entre otras; o insólitas joyas como los cortometrajes La caída de la Casa  Usher (Zánik Domu Usheru, Jan Svankmajer, 1981) y El pozo y el péndulo (Kyvadlo, jáma a nádeje, 1983), autor checo Jan Svankmajer,  especialista en el cine de animación basado en la técnica de la Stop Motion, quien plantea una crítica política usando los relatos de Poe en clave metafórica en un tiempo en el que el surrealismo todavía era un movimiento clandestino en la antigua República Checa.

Una variante interesante ha consistido en usar a Poe como personaje en producciones audiovisuales de ficción narrativa, su existencia fue lo suficientemente trágica como para convertirlo en materia digna de inspiración argumental para no pocas películas y series de televisión. Así ocurre con el pionero cortometraje estadounidense de corte biográfico Edgar Allan Poe (David Wark Griffith, 1909), la obra maestra de horror gótico italiano Danza macabra (Antonio Margheriti, 1963), la producción británica con formato de Torture Garden (Freddie Francis, 1967), el episodio de la mítica serie televisiva Historias para no dormir (Narciso Ibáñez Serrador, 1967) y que con el título de El cuervo condensaba la trágica vida de Poe; el remake que el propio Margheriti hizo de Danza macabra con el título La horrible noche del baile de los muertos (Nella stretta morsa del ragno, 1971); el magistral episodio El gato negro (The Black Cat, Stuart Gordon, 2006) de la serie televisiva Masters of Horror; o el aceptable largometraje cinematográfico El enigma del cuervo (The Raven, James Mc Teigui, 2011). Todas estas producciones  con el escritor como personaje demuestran que el Poe real o el Poe maldito que la historia o la leyenda nos han legado, es un Poe digno de una de sus propias narraciones extraordinarias.

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