Introducción

Tanto a Joris Karl Huysmans como a Félicien Rops hay que encuadrarlos dentro del movimiento decadentista de finales del siglo XIX. Huysmans en el núcleo de la corriente en Paris y Rops en el satélite belga. Huysmans será el gran líder del movimiento literario gracias a su novela A Rebours y Rops el gran transgresor en el mundo de la pintura, rebasando todos los preceptos morales, ejercitando la blasfemia, la lujuria y el vicio, como temas principales en su obra. 

Por ello he creído pertinente basar la primera parte de este texto en la caracterización del movimiento decadente para poder insertar correctamente a estos dos personajes en su marco histórico. En la segunda parte daré unas breves pinceladas acerca de la trayectoria literaria de Huysmans la cual va intrínsecamente ligada a su vida, en donde insertaremos contextualmente la obra que vamos a analizar.

Por último abordaré el texto de Huysmans sobre Rops, examinando su estructura y características, haciendo un énfasis en los aspectos morales que inundan este texto.

El movimiento decadente 

La génesis de este movimiento hay que encontrarla en el Paris de los años 1880-86, donde empieza a hacerse patente la crisis de los valores culturales y artísticos, y va a calar entre los sectores más jóvenes, instruidos y con inquietudes culturales. Estos van a adoptar una actitud vital y artística llena de pesimismo, escepticismo e insatisfacción ante las tendencias racionalistas y materialistas predominantes en el mundo de la industrialización y del progreso. Van a recoger las semillas ya sembradas a mediados de siglo por poetas y escritores como Baudelaire y Nerval que en su momento no tuvieron repercusión pero que son retomados en este momento. Ese espíritu inconformista se manifiesta de diversas formas: dandismo, nihilismo, cinismo, decadentismo, misticismo, etc. 

La corriente va a estar formada por jóvenes que se reúnen en los cafés del Barrio Latino de Paris y por otros que siguen su camino independientemente; pronto será conocido como Movimiento Decadente. Citaremos a algunos de ellos: Charles Cros, Maurice Rollinat, Jean Richepin o Paul Bourguet. Escriben en revistas minoritarias como Le Chat Noir o La Nouvelle Rive Gauche. Son seguidores de la estela de Baudelaire, buscan el refinamiento estético y se consideran rebeldes y fundamentalmente antiburgueses. 

Hay dos personajes claves que van a ser admirados por estos jóvenes, por una parte el poeta Paul Verlaine y por otra nuestro personaje, Huysmans, quien publicó en 1884 su novela capital A Rebours, la cual se convirtió en una especie de guía de la sensibilidad estética decadente personificada en el protagonista de la novela, Des Esseintes. También van a reivindicar figuras como Arthur Rimbaud, Edgar Allan Poe o el Conde de Lautreamont, que años atrás habían puesto los cimentos del movimiento.

Pero también hay otra serie de corrientes ideológicas, artísticas y culturales que contribuyeron de alguna manera a la crisis de los valores positivistas y racionalistas. En filosofía tenemos a Henry Bergson, Schopenhauer, Hartmann y posteriormente a Nietzsche. En literatura contamos con Barbey D’Aurevilly y Villiers de l’Isle-Adam. También tuvo importancia la traducción al francés de los autores rusos como Tolstoi y Dostoievski. Otras corrientes antirracionalistas y antimaterialistas también tuvieron su repercusión como el esoterismo, la Teosofía y el ocultismo, con Joséphin Péladan a la cabeza.

La trayectoria literaria de Huysmans

Apuntemos unas notas biográficas de Huysmans. Nació en Paris en 1848, hijo y nieto de pintores de origen belga. Será durante toda su vida un funcionario de la III República francesa, aunque nunca se identificó con sus ideales. Frente al laicismo republicano, Huysmans siguió una sinuosa trayectoria que le condujo hacia la práctica católica, como veremos en su evolución. Este trabajo le sirvió únicamente a Huysmans como medio de sustento, pues su verdadera vocación fue siempre la de escritor. Pasó toda su vida en busca de su identidad personal a través de su apreciación del arte y de la literatura.

Su primera etapa como escritor le acercó al naturalismo. Su primera obra es Le Drageoir aux épices que data de 1874 y consta de una serie de poemas en prosa y breves narraciones de tipo impresionista. En ella comienzan a entreverse los ecos de Baudelaire y de Aloysius Bertrand. Su primera novela vendrá en 1876, Marthe, histoire d’une fille que trata sobre la prostitución y fue calificada de pornográfica. Esta novela fue muy valorada por Emile Zola, quien invitó a Huysmans a formar parte de su camarilla. Será en esta época cuando escriba artículos en L’Actualité de Bruselas enarbolando una férrea defensa del naturalismo. Así, en 1879 publicará Les Soeurs Vatard, una novela dedicada a Zola, la más naturalista de toda su trayectoria, aunque siguen presentes los ecos de Baudelaire en el carácter de su protagonista, que de alguna manera representa su alter ego. Una serie de breves relatos verán la luz en 1880 bajo el nombre de Croquis Parisiens en el que convive de nuevo el aprecio por Baudelaire y su tendencia naturalista. En esta obra criticará la mediocridad y el materialismo de la sociedad burguesa de su tiempo y expondrá el fracaso de los ideales artísticos en la sociedad moderna.

A partir de ese momento Huysmans se va a distanciar definitivamente del naturalismo. Es la época de sus primeras críticas de arte sobre las exposiciones de pintura realizadas en Paris entre 1879 y 1883, recopilados en el volumen L’Art Moderne. Esta obra desvelará su intuición artística pues critica las corrientes mayoritarias y rompe una lanza por los impresionistas y los independientes, destacando la figura de Degas, ninguneado por aquel entonces. Valorará también a los simbolistas como Gustave Moreau y Odilon Redon. De esta etapa es la novela À vau l’eau, una obra llena de pesimismo y de melancolía, y que algunos autores ponen en conexión con La Náusea de Sartre. Es un momento ya de plena desconexión con el naturalismo y una aproximación directa a Baudelaire, Mallarmé, Verlaine y Villiers de l’Isle-Adam.

Es en este momento en el que Huysmans abraza al esteticismo y el decadentismo. Proyectó una obra acerca del refinamiento estético como reacción al materialismo y la vida vulgar. Aplicó las ideas y procedimientos estéticos iniciados por Baudelaire. Así se aproximó al espíritu decadente, tendencia estética defendida y cultivada por grupos de jóvenes inconformistas. En este contexto verá la luz su obra clave A Rebours, que resultará desconcertante para los críticos y causará un gran impacto en el seno de los decadentes. Otra novela de la época será En Rade, publicada por entregas en un periódico francés pero su repercusión será menor. Son momentos de insatisfacción existencial y pesimismo moral. Tiene la convicción de que el misticismo estético no es el final de su camino y se abre paso hacia nuevas metas. Es el momento de su aproximación al satanismo.

Huysmans se siente muy atraído por los misterios del mal: la perversidad, el erotismo, el ocultismo y el satanismo. De este modo, se aproximará a personajes y ambientes de ese entorno. En 1889 publicará Certains, una serie de artículos dedicados a ciertos artistas entre los que destaca el dedicado a “analizar el erotismo satánico, exacerbado y delirante del pintor Félicien Rops”, texto sobre el que versa el presente análisis. En 1891 publicará una obra bastante enigmática, Lá-Bas, en la que estudia el satanismo en el mundo moderno. Con ello se embarca en una trayectoria personal alrededor del erotismo, el esoterismo y el satanismo.

Parece que una vez tocado el fondo en materia de mal, Huysmans emprende un camino de ascenso hacia la fe. Se va acercando cada vez más a la iglesia católica, viendo en ella el único camino posible hacia la plenitud personal y que en el arte no ha podido encontrar. Será en 1892 cuando sufra su conversión provocándose un notable cambio interior. Será el misticismo cristiano el nuevo objetivo de sus aspiraciones. Este proceso lo traspondrá a una obra literaria, En Route, publicada en 1895. De su época de conversión datan algunos textos como La Cathédrale sobre el simbolismo en la Catedral de Chartres, Sainte Lydwine de Schiedam o De Tout. En 1903 tenemos otra obra, escrita en Paris, L’Oblat en la que traduce sus experiencias con los benedictinos en Ligugé durante los años anteriores. Su última obra será Les Foules de Lourdes, antes de morir en 1907 de un cáncer de garganta. Habrá también una obra póstuma del carácter de las anteriores, Tríos églises et tríos primitifs.

De esta reflexión se colige que Huysmans a través de sus obras plantea sus diferentes planteamientos personales y en ellas desarrolla los senderos que recorre a lo largo de su vida. Son sus obras por tanto el reflejo del sentido espiritual y humano de su vida.

Félicien Rops

Como hemos visto, el único texto que dedica Huysmans a la crítica artística de la obra de Félicien Rops se incardina dentro de su etapa de fascinación por el satanismo y todas las artes que de algún modo tengan que ver con el mal. No es por tanto de extrañar que Huysmans sufriese una potente atracción por la obra de Rops donde mujer, Demonio y monstruos son algunos de sus temas recurrentes.

En lo concerniente al texto de Huysmans podemos decir en una primera aproximación que está estructurado en tres partes, dominadas por una diferente argumentación. Una primera parte en donde trata de retratar el perfil moral de aquel pintor que representa la lujuria en sus lienzos. Continúa con un breve repaso histórico acerca de las representaciones de la lujuria en la Historia del Arte, sentando así las bases del desarrollo de la última parte en la que entra a analizar finalmente la obra de Rops.

En la primera parte de su argumentación Huysmans se pregunta acerca de la catadura moral del artista que plasma la lujuria en sus obras. Esgrime una serie de argumentos que de algún modo expían a estos de su culpa, asevera que quien es capaz de hacer este tipo de obras ha de ser por fuerza un pintor casto. Esto me ha llamado poderosamente la atención, pues parece que Huysmans quiere validar a Rops, defenderle, afirmar casi está exento de pecado aunque sus obras parezcan indicar lo contrario. Esto no hace más que reafirmar que aunque esté inmerso en círculos satanistas en esta época el germen de la idea de culpa y de la rectitud moral estén presentes en sus textos, hecho que desembocará en su posterior conversión al Cristianismo. Pero Huysmans en este análisis no está acertado, por lo menos en lo concerniente a la vida de Rops. Rops es totalmente ajeno a la moral cristiana y vive una vida bastante alejada de esa espiritualidad. Baste citar el ménage à trois que mantiene con las hermanas Polet durante gran parte de su vida para ver que no siguió en absoluto los patrones de una vida cristiana.

Procede en su disquisición con un desarrollo interesante y que acredita sus conocimientos de arte, es la traza del desarrollo histórico del género erótico en el arte. Un género que no aprecia en su mayor parte pues no muestra esencialmente el concepto de lujuria, que es el que Huysmans quiere hallar en su argumento. Así menciona a Jules Romains, a Carrache, al mismo Rembrandt, a Fragonard y a Boucher, terminando con Badouin y Carême como pintores que mostrando cierto erotismo no llegan a retratar a “la lujuria, el gran vicio bíblico”. Y es que Huysmans con todo este desarrollo no hace más que ligar el erotismo al pecado dando muestras de lo honda que tiene clavada la moral cristiana. Esto me hace reflexionar hasta donde estaban implantados los conceptos cristianos en la sociedad parisiense de fin de siglo. Es hoy día un siglo después, en que el cuestionamiento del Cristianismo es mucho mayor y la práctica atea está mucho más generalizada, y los valores cristianos siguen marcando las conciencias, cuanto no sería esta influencia hace un siglo, y es patente que Huysmans está poderosamente condicionado por ella. Su atracción por el pecado no es más que el reverso de su moral cristiana.

Siguiendo con su argumentación si encuentra por fin las manifestaciones de la lujuria en dos ejemplos: la pintura del británico Rowlandson y los pintores japoneses. El ejemplo de Rowlandson me parece adecuado, pero creo que Huysmans comete un error al mirar a los japoneses, ¿cómo es que encuentra la lujuria en una sociedad tan marcadamente alejada de la espiritualidad cristiana? Su concepción oriental del sexo, lejos de los tabúes cristianos, se le aparece a Huysmans como muestra del fantasma de la lujuria, pero creo que en este punto está equivocado.

Tras estas disquisiciones, Huysmans aborda por fin la obra de Rops. En su argumentación da detalles acerca de bastantes obras de Rops, lo que implica un conocimiento bastante amplio de su trabajo. Pero menosprecia todo aquello en Rops que se aleja de la transgresión moral. Así su tratamiento del campesinado en sus primeras obras en un estilo cercano a Millet es relegado a un segundo término, lo mismo hace con toda la parte de la obra de Rops dedicada al retrato de la mujer contemporánea. Es un tratamiento muy focalizado el que hace Huysmans, que se queda exclusivamente en la lujuria y el satanismo. 

Otro aspecto a tener en cuenta del análisis de Rops es su postura ante la mujer, que deja claro en primer término: “ella es, finalmente, el gran receptáculo de las iniquidades y de los crímenes, el osario de las miserias y las vergüenzas, la verdadera introductora en nuestras almas de las embajadas delegadas de todos los vicios”. Esta concepción de la mujer como catalizadora del mal en la tierra es la que va a ver representada en la obra de Rops, es el contramodelo de la mujer fatal. Esta postura nos deja ver de nuevo otro aspecto de la moral cristiana subyacente en Huysmans, esta vez en su concepción de la mujer.

Como colofón a su ensayo, Huysmans pasa al terreno descriptivo. Se vuelca primero en torno a cinco obras, la serie inacabada de Las Satánicas. La narración en esta parte es un regodeo constante en las manifestaciones oscuras presentes en todos y cada uno de los detalles, es una fiesta, un regodeo en los caracteres que transgreden la moral, hay un disfrute, una delectación en su estilo literario.

Sus descripciones las alterna con algunos juicios de valor, como una reflexión en torno a la muerte en la obra de Rops: “su obra la acaricia, la desvía, la emperifolla en este sentimiento baudeleriano que parece la última expresión del arte católico en los modernos”. Aquí podemos apreciar como de hondo había calado el pensamiento de Baudelaire en su época y cómo, de alguna manera Huysmans se había adscrito a él. De nuevo el reverso católico aparece en su reflexión, por más que quiera transgredir Huysmans el tejido de la moralidad cristiana, su tratamiento es autorreferencial e intentando buscar la expresión máxima del mal, parece estar imbuido por su opuesto.

Hace también mención a algunas láminas que nos acercan a otros aspectos de la obra de Rops, sus trabajos como grabador para obras literarias como Las Diabólicas de Barbey d’Aurévilly. Concluye el apartado descriptivo haciendo referencia a Felicidad en el crimen, Parte inferior de una partida de Wisth y Esfinge.

El epílogo de este texto crítico es una exaltación de los antitéticos valores morales presentes en Rops, cuyas obras califica de “católicas, obras ardientes y terribes”. Todo el texto es un reflejo de las contradicciones morales de Huysmans, que busca el mal luchando contra una soterrada moral cristiana que arde bajo su epidermis y que en la fase final de su vida le llevará de vuelta a la rectitud del ordenamiento católico. Cuanto más énfasis hace en el pecado parece que más se quiere redimir de él. Todo el trabajo pretende ser un alegato del mal en la obra de Rops: “ha celebrado este espiritualismo de la Lujuria llamado Satanismo; ha pintado, en imperfectibles páginas, lo sobrenatural de la perversidad, el más allá del Mal”. Pero no es más que el reverso de una moral que lleva grabada a fuego. El mal en Huysmans parece ser el reflejo en un espejo cóncavo de la rectitud moral que lleva inscrita en su personalidad.

Bibliografía

  • HUYSMANS, J.K. “El arte moderno. Algunos”. Ed. Tecnos/Alianza, Madrid, 2002
  • HUYSMANS, J.K. “A contrapelo”. Ed. Cátedra. Madrid, 1984
  • VV.AA. “Félicien Rops. Un simbolista transgresor (1833-1898)”. Fundación provincial de artes plásticas Rafael Boti. Córdoba, 2003

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